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23 de noviembre de 2010

Proyecto Musical


Hemos comenzado a elaborar, junto con Discográfica del Sur, un proyecto musical que rescata parte del extenso cancionero popular que inspiró el conflicto Malvinas antes y después de la guerra. Tenemos el orgullo de que este proyecto cuente con la dirección musical de Emilio del Guercio, quien está brindando, además de su larga experiencia musical, el peso de una figura artística de gran sensibilidad y convocatoria entre nuestros músicos populares. 

Proyectos Audiovisuales


En cuanto a los proyectos audiovisuales del Observatorio, son varios. Luego de haber realizado el documental “Malvinas: viajes del Bicentenario”, un trabajo que refleja los viajes que unos 400 familiares de Caídos realizaron a Malvinas en el año 2009 para inaugurar el Monumento del Cementerio de Guerra de Darwin, el Observatorio está diseñando cuatro proyectos documentales que espera poder producir a través de la Productora Quijotanía de la UNLa.

Museo Malvinas


Otra de las líneas de trabajo del Observatorio es el desarrollo del proyecto museológico que se origina en la Muestra “Malvinas: Islas de la Memoria”. Esta Muestra es un trabajo de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas que desde el año pasado ha sido apadrinada por la UNLa. con el fin de brindarle respaldo profesional para la conservación y ampliación de su colección. Fue montada por primera vez en la UNLa. hace dos años en el Espacio Talleres y, recientemente, en el Edificio José Hernández, como parte de las actividades que ofreción el Primer Congreso Latinoamericano Malvinas, una Causa de la Patria Grande.
Este proyecto museológico tiene como meta, en su primera etapa, sistematizar el patrimonio histórico que los Familiares de los Caídos han reunido a lo largo de estos últimos 25 años. La colección reúne más de 300 objetos y documentos, entre ellos, libretas de anotaciones, herramientas, calzados, municiones, restos de fuselajes, insignias, rosarios, chapas de identificación, material de supervivencia original y prendas personales conservadas en las casas de las familias de los soldados argentinos Caídos en la guerra o recolectados en los campos de batalla en Malvinas. Se destaca particularmente la presencia de las 230 cruces que en el 2004 fueron traídas al continente desde el Cementerio de Darwin en Malvinas, cuando la Comisión de Familiares construyó allí un Monumento en homenaje a los argentinos Caídos en combate. Aquella obra implicó la sustitución de las cruces que habían colocado los ingleses, por otras nuevas y más robustas, construidas en madera de lapacho. Esas cruces son las que estuvieron, durante los días en que sesionó el Congreso, montadas en una estructura especial en la Plaza
La UNLa.
Junto con la Carrera de Diseño Industrial e Indumentaria y la gestión creativa de Patrimonio de la UNLa., por otra parte, el Observatorio Malvinas está construyendo un objeto escultórico que llevará los nombres de los 649 Caídos en Malvinas, grabados mano sobre placas de bronce por alumnos, docentes y no docentes de la Universidad. Este es un proyecto que nos tiene especialmente conmovidos por la altísima participación que concitó en la comunidad educativa de la Universidad UNLa.

Vignolo (2)


Los ingleses fueron los gurkhas de
Estados Unidos en la guerra de Malvinas

Luis Vignolo (*)



Como uruguayo, esto es como argentino oriental, al decir de Juan Antonio Lavalleja en la proclama de los Treinta y Tres Orientales, y de mi maestro y amigo Alberto Methol Ferré, me siento muy honrado de participar en este Primer Congreso Latinoamericano “Malvinas, una causa de la Patria Grande”.
No puedo dejar de pensar en Methol, fallecido el 15 de noviembre pasado. Seguramente nadie defendió en el Uruguay con tanta pasión y convicción la recuperación de la soberanía argentina en las Malvinas, y nadie la concibió tan exactamente como causa de la Patria Grande, como causa de la Nación Latinoamericana. Pienso cuánto hubiera disfrutado él, si hubiera vivido para estar hoy aquí, y cuanto nos hubiera hecho disfrutar a nosotros.
En su homenaje, pero sobre todo en homenaje a la verdad o a la búsqueda de la verdad, quiero recordar la muy polémica y audaz tesis de Methol sobre la verdadera naturaleza de la Guerra de Malvinas. Methol decía que si bien los ingleses fueron quienes llevaron a los gurkhas a pelear en el Atlántico Sur, en realidad los ingleses fueron los gurkhas de los norteamericanos en las Malvinas, porque la guerra de las Malvinas a pesar de todas las apariencias fue, o terminó siendo, en esencia una guerra con los Estados Unidos. Y esta afirmación no procedía de un arrebato pasional, ni de un intento de menospreciar a los ingleses, ni tampoco de un anti norteamericanismo obsesivo: era el resultado de su infatigable afán de interpretar la realidad del poder en el mundo, y por lo tanto comprender mejor nuestra situación y nuestras posibilidades.
Methol pensaba que la propuesta del mediador norteamericano Alexander Haig de una administración tripartita de las islas había sido algo más que una maniobra distractiva para favorecer el avance inglés. Creía que si esa propuesta hubiera sido aceptada, le habría brindado un carácter formal al dominio norteamericano de las islas en el Atlántico Sur, consolidando el poder ya real de Estados Unidos en el área, aunque no reconocido formalmente.
Por eso dijo Methol, en el 2002, con su estilo tajante y desafiante: “…hablan vanamente sobre Las Malvinas porque los ingleses no son los ocupantes reales de las islas. Los ocupantes reales son los Estados Unidos”.
Y quiero recordar una cita que ayer hizo el compañero venezolano Sergio Rodríguez Gelfenstein. Se trata de las declaraciones del Secretario de Defensa norteamericano de la época, Caspar Weinberger, quien le restaba importancia al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, resaltaba en cambio las obligaciones norteamericanas con la OTAN y afirmaba muy rotundamente: “Gran Bretaña con las Malvinas dará control total sobre el continente latinoamericano”.
¿En qué control total del continente latinoamericano estaba pensando el Secretario de Defensa norteamericano al pronunciar esas palabras? ¿A quién le daría Gran Bretaña el control total de América Latina con las Malvinas? ¿A los galeses o a los gurkhas tal vez? Obviamente no. En la cabeza del Secretario de Defensa norteamericano en medio de la Guerra Fría –es decir en la cabeza del hombre encargado de la defensa de la primera potencia, o para decirlo en la terminología de Methol, el responsable de la defensa del primer Estado Continental Industrial de la historia, inmerso en la Guerra Fría, que a su vez fue el primer gran conflicto entre los dos primeros Estados Continentales Industriales de la historia– el control total del continente latinoamericano solamente podía significar el control total norteamericano sobre América Latina, utilizando en este caso los servicios de los ingleses como gurkhas.
La misma Tatcher dijo que tal vez nunca hubiera recuperado las islas “sin los aviones Harrier y su inmensa maniobrabilidad, equipados con la última versión de los misiles Sidewinder que nos suministró el ministro de Defensa de Estados Unidos, Caspar Weinberger”. Y más francamente el Secretario de Marina de Estados Unidos en 1982, John Lehman, afirmó: “Sin la ayuda americana Gran Bretaña hubiera tenido que retirarse de las Falkland”.
No menos importante fue el apoyo a los ingleses que brindó la inteligencia de intercepción de señales y satelital norteamericana, tema decisivo sobre el que luego volveré. 
Más allá de los detalles, desde el punto de vista conceptual, la tesis de Methol de que la guerra de las Malvinas fue en esencia una guerra con Estados Unidos es un corolario necesario de su teoría de los Estados Continentales Industriales como únicos protagonistas verdaderos de la historia a partir del siglo XX. Concepción ejemplificada del modo más claro en el protagonismo de norteamericanos y soviéticos durante la Guerra Fría. Desde esa perspectiva los ingleses no solamente no son los ocupantes reales de las islas sino que ni siquiera podrían serlo. Es esta misma visión la que impulsó a Methol a pensar las Malvinas como causa de la Patria Grande, de la Nación Latinoamericana, ya que solamente unidos en un Estado Continental Industrial latinoamericano podremos ser verdaderamente soberanos, y no semicolonias encubiertas.
Paradójicamente si la tesis de Methol es cierta, como pienso que lo es, nos podría llevar a pensar, y en particular a mí me hace pensar, en una realidad geopolítica que trasciende los Estados Continentales Industriales en los que tanto énfasis puso.

La red Echelon

El vínculo transatlántico profundo entre Estados Unidos y Gran Bretaña ya era proclamado como una necesidad geoestratégica imperiosa por el almirante norteamericano Alfred Mahan a comienzos del siglo XX.
Las revelaciones de los últimos años sobre Echelon, la mayor red pan-anglosajona de intercepción mundial de comunicaciones de la historia, y el acuerdo UKUSA entre Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda ponen en evidencia que lo concebido por Mahan hace más de cien años es en gran medida realidad operativa desde hace décadas.
A su vez, el acuerdo UKUSA es la prolongación de la cooperación entre Estados Unidos y el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, ya iniciada en la Primer Gran Guerra, y luego extendida a Canadá, Australia y Nueva Zelanda, unidos en una alianza anterior a la OTAN, que incluso espía a otros países de ese mismo organismo militar.  
La militarización del espacio es un rasgo de la globalización satelital que constituye una especie de primera etapa de la Era Espacial en la que vivimos sin darnos cuenta. Así como el dominio de los océanos fue la característica de la modernidad, el dominio del espacio, y en particular el dominio del mundo desde el espacio, es decisivo en nuestro tiempo. La tecnología dominante de nuestra época impone prioridades geopolíticas ya que para operar las redes satelitales se necesitan bases en los distintos continentes y áreas terrestres. El conjunto de los países UKUSA, es decir la unión pan-anglosajona, tiene justamente esa capacidad.
Parece inevitable pensar entonces que el área UKUSA constituye una especie de nuevo Estado Transoceánico, emparentado con los imperios transoceánicos que protagonizaron el nacimiento de la modernidad, pero que ahora aparece como un Estado Transoceánico Industrial dotado de la más alta tecnología del siglo XXI.
Esto se relaciona muy directamente con el tema del Congreso ya que la red Echelon fue usada por Gran Bretaña durante la guerra de las Malvinas, como parte de la fundamental cooperación de inteligencia que Estados Unidos brindó a los ingleses. Según Jeffrey Richelson, del Nacional Security Archives de Washington, el sistema Echelon todavía hoy se utiliza para espiar comunicaciones relativas a las Malvinas.

Necesidad del desarrollo industrial y tecnológico

En otro orden, las redes financieras transnacionales angloamericanas han sido principales protagonistas de la reciente crisis financiera y económica mundial, de un modo que parece confirmar desde otra perspectiva la realidad geoestratégica y geoeconómica del área UKUSA.
Sin embargo, no es este el momento ni el lugar para desarrollar extensamente la teoría de los Estados Continentales Industriales de Methol, ni para examinar a fondo la posibilidad de un Estado Transoceánico Industrial pan-anglosajón. He mencionado lo anterior para hacer notar la seriedad con la que debe tomarse la tesis de Methol acerca de que los ingleses fueron los gurkhas de los Estados Unidos en las Malvinas. Obviamente esta no es una idea aceptada en el discurso diplomático ni académico, pero con más razón tenemos el deber de reflexionar al respecto para no seguir hablando “vanamente de las Malvinas” como nos advirtió Methol. Es nuestra obligación dejar planteada la interrogación sobre la verdad, porque la verdad nos hará libres.
En cuánto a la defensa de los recursos naturales a la que hace referencia el título de este panel, estoy convencido de que no habrá posibilidad real de defender esos recursos naturales, ni protegernos de las hipótesis de conflicto, sin un desarrollo industrial y tecnológico profundo. Una vez más Methol, en su Dialéctica Hombre-Naturaleza, expuso la lógica de la emancipación humana frente al sometimiento a la naturaleza, que se encarna en el desarrollo de la sociedad industrial y tecnológica. Como a su vez el dominio del espacio físico matemático de la ciencia y la tecnología, va necesariamente acompañado del dominio del espacio geográfico, tenemos como asignatura pendiente desde la Primera Independencia inconclusa, cuyo Bicentenario conmemoramos, la consolidación de la Segunda Independencia mediante la unidad sudamericana y latinoamericana, y el desarrollo industrial y tecnológico, que se necesitan mutuamente de manera imprescindible.
Requerimos la “insubordinación fundante” de la que ha hablado y escrito Gullo.
Para ello, la consolidación de un Consejo de Defensa Sudamericano y el desarrollo de una industria de defensa sudamericana es esencial. De lo contrario, como en la guerra de las Malvinas, seguiremos dependiendo de las industrias de defensa de los países dominantes, que le impidieron a Argentina reabastecerse, por ejemplo, de los misiles Exocet. Y una industria de defensa propia solamente es concebible a escala suramericana –o latinoamericana– y no desde ninguno de nuestros países balcanizados y solitarios.
A la vez, al pensar en las hipótesis de conflicto es necesario recordar que estas cambiaron justamente desde la guerra de las Malvinas. Luiz Alberto Moniz Bandeira ha dicho: “Hasta la guerra de Malvinas, las hipótesis de guerra del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas brasileñas eran las guerras internas o de guerrilla; los conflictos regionales, con uno u otro país de América del Sur (la Argentina entre los principales); las guerras en otro continente, donde Brasil debería enviar contingentes, como en la República Dominicana en 1965; y, finalmente, la posibilidad de ataque de países comunistas y una conflagración generalizada. Desde la guerra de Malvinas, la hipótesis de guerra con los Estados Unidos se tornó objeto de estudio en las Fuerzas Armadas.”
Es decir que en el fondo, aunque no se exprese formalmente, la tesis de Methol sobre la guerra de las Malvinas sí es pensada aunque no directamente enunciada.

Uruguay y las Malvinas

Aquí quiero ligar el tema del desarrollo industrial a través de la integración –para entre otras cosas poder defender nuestros recursos naturales– con el papel específico del Uruguay en la integración regional y en relación con las Malvinas.
El puerto de Montevideo ha estado ligado a las Malvinas desde el período colonial, cuando las islas dependían del Apostadero Naval español en el Atlántico Sur, con sede en Montevideo (mientras que el Apostadero Naval español del Atlántico Norte estaba en Cuba). El puerto de Montevideo era una base fundamental de la escuadra española suratlántica, que custodiaba la estratégica ruta bioceánica, el pasaje al Océano Pacífico.
De allí el vínculo esencial con las Malvinas.
La estrategia balcanizadora británica que derivó en la separación del Uruguay del resto de las provincias platenses fue continuada poco después por la ocupación inglesa de las Malvinas. Fueron los representantes norteamericanos en Buenos Aires y en Río de Janeiro en el año 1826, dos años antes de la firma de la Convención Preliminar de Paz por la cual se crea el Uruguay, quienes le informaron al Secretario de Estado norteamericano Clay -el equivalente de la Clinton de aquella época- que los ingleses estaban buscando crear una colonia encubierta en Montevideo. Y por supuesto a la Convención Preliminar de Paz de 1828, le sigue en 1833 la ocupación definitiva de las Malvinas por parte de Gran Bretaña. De modo que el papel de Montevideo como puerto de abastecimiento para las Malvinas es de muy larga data.
Recordaba Methol: “Las Malvinas están orgánicamente vinculadas al Uruguay, tan vinculadas que yo que fui portuario durante cuarenta años, veía entrar cada dos o tres meses al ‘Darwin’, un barquito inglés de las Malvinas que traía los enfermos al Hospital Británico –porque el Hospital Británico se hizo para las Malvinas– y para el abastecimiento de las Malvinas que era un sitio extremadamente inhóspito”.
Incluso cuando se produce el progresivo desplazamiento de Gran Bretaña como potencia hegemónica y su sustitución por los Estados Unidos –algo que en el Uruguay se manifiesta a comienzos del siglo XX– los norteamericanos, en 1905, proponen comprarle la Isla de Flores al Uruguay y las Malvinas a Gran Bretaña.
De manera que el problema planteado por el Ministro Guillermo Rossi acerca del abastecimiento civil de las Malvinas en el puerto de Montevideo, hay que verlo en perspectiva histórica.
En mi opinión a la luz del conjunto del nuestro historia, es mucho más relevante la prohibición de operar en el puerto de Montevideo que el gobierno uruguayo del Presidente José Mujica le impuso al buque inglés HMS Gloucester D-96, encargado de la custodia de las Malvinas. No en vano la Presidenta Cristina Fernández fue tan expresiva en su agradecimiento al gobierno uruguayo.

Hacia la integración definitiva

 El papel del puerto de Montevideo en el abstecimiento civil y comercial de las Malvinas mencionado por Rossi, es un problema, pero se trata de una dificultad que nos hace pensar en la urgente necesidad de fortalecer la unidad regional y la unidad rioplatense en particular. Es necesario combatir las asimetrías en el Mercosur. Es urgente que los países de menor tamaño del Mercosur sean tenidos en cuenta por los socios mayores. Es necesario un proyecto de desarrollo industrial compartido en la región, que consolide la unidad y aleje los intentos de fracturar o debilitar el bloque regional.
A diferencia de lo que ocurre ahora con el gobierno de Mujica, durante los dos gobiernos uruguayos anteriores, el de Jorge Batlle y el de Tabaré Vázquez, se negoció, aunque sin éxito, un TLC con Estados Unidos. De haberse concretado hubiera sido un golpe durísimo a la integración regional. Uruguay mediante un TLC con Estados Unidos hubiera completado, en palabras de Methol, “el pasaje de Lord Ponsonby a Mister Ponsonby”. En consecuencia es necesario que el árbol no nos impida ver el bosque.
El TLC de Uruguay con Estados Unidos no se concretó en parte por la oposición de Brasil y Argentina, y a la vez por las resistencias internas que la negociación del Tratado despertó en Uruguay. La estructura económica del Uruguay ha desarrollado una fuerte urdimbre con la región. Nuestros principales socios comerciales son, por supuesto, Argentina y Brasil, pero además específicamente los destinos para los productos industriales uruguayos, para los productos de valor agregado medio y alto, o de contenido tecnológico medio y alto, son Argentina y Brasil, en ese orden. Digamos en el conjunto de las exportaciones le vendemos más al Brasil que a la Argentina, pero le exportamos más productos de alto valor agregado a la Argentina.
Quienes éramos contrarios a la negociación del TLC en el Uruguay y señalábamos esta realidad, éramos descalificados como ilusos, románticos, etcétera. Pero cuando llegó la hora de las negociaciones pasó lo que muchos no creían que pudiera pasar: la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) y la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU), donde hay muchas empresas que exportan a la región, que exportan a la Argentina y que exportan al Brasil,  expresaron sus serios reparos. En el año 2005 casi el 40 por ciento de las exportaciones industriales uruguayas se destinaron al Mercosur.
De modo que tenemos mucho por hacer para profundizar la integración y la unidad, pero a pesar de todo lo que falta, a pesar de todas las falencias, a pesar de todos los errores, hemos avanzado lo suficiente como para crear fuerzas económico-sociales partidarias de la integración, allí donde muchos no esperaban que pudieran existir. Fuerzas económico-sociales que han operado a favor de la integración y la unidad sudamericana, y no a favor de la sumisión al poder hegemónico mundial.
Quiero finalizar mi intervención expresando mi convicción de que el archipiélago de las Malvinas volverá a ser argentino, suramericano y latinoamericano, y lo será en la medida en que nosotros seamos capaces de unir el archipiélago político latinoamericano que nació de la Primera Independencia inconclusa. Esa misión de unidad, la que nos legaron San Martín, Artigas y Bolívar, es posible y necesaria. Es nuestro único verdadero siglo XXI.




(*) Escritor y periodista. Ha escrito en los diarios Mundocolor y El País y en el semanario La Democracia. Secretario de Redacción de la publicación trimestral 170 y del mensuario Nexo Sur. Corresponsal en Montevideo de la revista argentina Energía 2001, colaborador de las revistas argentinas Política, Claves, y de la publicación Barajar y dar de nuevo. Autor de El joven Reclus. América Latina: la humanidad reconciliada. Anarquismo y geografía en los orígenes de la idea de la Nación Latinoamericana, En torno al Uruguay como problema, Artigas y Bolívar son el siglo XXI (Entrevista a Alberto Methol Ferré) e Itinerario de un uruguayo latinoamericano y universal.

Urioste


No hay democracia sin soberanía

Federico Urioste (*)



Siempre me ha preocupado mucho el nivel de deterioro de nuestros archivos, porque son la memoria de una nación. Y cuando no hay memoria, no hay identidad. Y cuando no hay identidad, otros escriben la historia por nosotros.
Cuando uno visita el Archivo General de la Nación y otros archivos, puede verificar no sólo el nivel de deterioro sino la sustracción de documentos, de material documental, de películas y noticieros de la época, que han sido robados y nadie sabe dónde se han vendido. Materiales de Malvinas que se han filmado y nunca más han aparecido, muestran también un hecho muy grave.
Es muy difícil construir una nación que no tiene memoria. Eso uno no lo ve cuando va a Europa u otros países. En México, inclusive en medio de su crisis, uno ve cómo se venera, cómo se cuida la memoria hasta el extremo. En la Unión Soviética se conservaron los palacios de los zares y materiales documentales inéditos que a lo mejor no correspondían con la ideología del régimen en ese momento.
Yo podría decir probablemente que Malvinas fue la primera guerra por el petróleo. Cuando en Medio Oriente cayó Mohamed Reza Pahlevi, el sha de Persia en 1978 y subió la Revolución Islámica con el ayatola Jomeini, se produjo una inquietud muy grande en Occidente porque no sabía cuál iba a ser el futuro de los enormes yacimientos de petróleo que Estados Unidos y naciones europeas depredaban.
En 1975, la Universidad de Birmingham realizó estudios a través del buque oceanográfico Shackleton en el Atlántico Sur. El Glomar Explorer, un buque oceanográfico de la CIA que tristemente repostaba en la base naval de Puerto Belgrano, también realizó estudios oceanográficos. Y la Universidad de Columbia también. Todos entre los años 1974 y 1978. Todos apuntaban a la búsqueda del petróleo, y no sólo apuntaban sino que empezaron a descubrir que ahí había petróleo en cantidades importantes. Algunos hablan de 200 mil millones de barriles, como el ingeniero Bernardo Grossling, de la Organización de Naciones Unidas. Los antedichos afirman de que eran cuatro a nueve veces mayores los yacimientos de petróleo que existían en Malvinas e, incluso, en el Golfo de San Jorge a los niveles del Mar del Norte.
Esto demuestra que la guerra de Malvinas no fue un hecho tan ingenuo. ¿Por qué? Porque estaba el petróleo de por medio, la proyección geopolítica hacia la Antártica, el control del pasaje del Océano Atlántico al Pacífico, el control estratégico en medio de la Guerra Fría, dado que Panamá era muy fácilmente batible en un conflicto que estaba en su plenitud. Y tenemos que decir que la Guerra Fría en realidad encubrió la verdadera guerra: guerra entre el Norte y el Sur, que es lo que está en plenitud en estos momentos.
Hoy día ya han desembarcado los ingleses, no solamente con el aparato militar en Malvinas, sino con las compañías petroleras. Están impunemente explotando nuestro petróleo, impunemente trazando un círculo alrededor de Malvinas, Georgia y Sándwich, que tiene 350 millas. Ellos reclaman eso.
Mientras, Argentina ha ido muy lentamente en sus reclamos alegando problemas técnicos en sus buques oceanográficos, pero en realidad con poco interés de reclamar. Si bien ya se ha entregado esa documentación, a pesar de las múltiples denuncias que se han hecho, poco se presiona para que eso siga adelante. Prácticamente todos los países ribereños en el mundo han completado esos estudios. Creo que estos estudios vencían este año, menos para Estados Unidos que por ser un imperio se ha dado el lujo de llevar hasta el 2014 la entrega de la documentación correspondiente.
La ministra de Defensa, Nilda Garré, en la primer invitación que tuvo en el Congreso de la Nación Argentina cuando se abrió este año parlamentario, hizo una larga exposición de más de tres horas con sus comandantes militares atrás y dijo que la Argentina no tiene hipótesis de conflicto, lo que motivó que un diputado le preguntara si la existencia de la Cuarta Flota de Estados Unidos era o no era una hipótesis de conflicto. El diputado preguntó si una porción del territorio argentino ocupado por Gran Bretaña es o no es una hipótesis de conflicto. O, como bien dijeron, no es una hipótesis, es el conflicto. Y también le preguntaron si el narcotráfico, que ya es un hecho político, es o no es una hipótesis de conflicto. Y la ministra respondió que el narcotráfico es una situación seria pero no es una hipótesis de conflicto.
Es muy difícil hablar de soberanía si no existen Fuerzas Armadas. Si no existen Fuerzas Armadas no hay soberanía. Yo reconozco que tenemos una historia muy triste atrás con la dictadura militar de 1976-1983, pero no todo nuestro Ejército Argentino fue así. Hubo un ejército de Rosas, de San Martín, de Perón, también las montoneras que lucharon contra la Guerra de la Triple Infamia, es decir la Guerra del Paraguay, y que se opusieron a la guerra. En la época del llamado Proceso de Reorganización Nacional hubo oficiales que se negaron a cumplir órdenes o pidieron la baja para evitar esa represión bestial.
Me acuerdo de una frase que escribió Osvaldo Bayer en el diario Clarín, cuando asumió el gobierno democrático de Ricardo Alfonsín en 1983, que me sorprendió mucho. Él es un hombre de pensamiento marxista y, refiriéndose al ejército argentino, dijo que no era fascista porque el fascismo fue un proyecto político, social y cultural y este ejército no fue eso, sino que fue un ejército dependiente del Pentágono. Eso me impresiono mucho, fue más triste todavía, ni siquiera fue un ejército nacional durante el Proceso.
Por eso digo que en lo personal rescato al ejército de los generales Enrique Mosconi y Manuel Savio, que construyeron la siderurgia y el petróleo. Desgraciadamente nuestras Fuerzas Armadas han dejado de existir, prácticamente parecen una guardia rural –como las que existían en América Central– ante una situación de enormes conflictos que se avecinan en el mundo moderno, conflictos que van a ser por el agua dulce y los alimentos.
La Antártida tiene por lo menos el 80 por ciento del agua dulce del mundo, y de ahí la importancia de Malvinas, la proyección sobre la Antártida. Gran Bretaña está exigiendo concretamente la Antártida Argentina y la zona chilena de la Antártida. A eso tenemos que decir, que hay que latinoamericanizar la Antártida, que el Atlántico Sur sea latinoamericanizado. Construyamos la primera empresa petrolera latinoamericana.
A raíz de todo esto, hay un informe muy inquietante que salió en un diario británico y acá no llegó o no se publicó. Fue un documento “cedido” por el Pentágono en 2005, donde habla sobre los futuros conflictos del mundo. El informe dice que el presidente George W. Bush antes escuchaba al Pentágono y a las petroleras, pero ese año sólo escuchaba a las petroleras. El informe trata sobre las consecuencias políticas, sociales, económicas y, por ende, militares del cambio climático, que no es lo que dice Greenpeace; es mucho más grave.
La situación que se avecina es una lucha por los recursos en todos los países. Ya estamos viendo lo que ha pasado en Rusia, que este año perdió parte de su cosecha. Y lo que está pasando en nuestro país, donde hay una directiva interna, no oficial, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria Argentina (INTA), de no dar información a los climatólogos sobre la verdadera situación del cambio climático en nuestro país dada la gravedad que tiene.
¿Qué dice el informe del Pentágono? Dice que se van a producir enormes hambrunas y, como consecuencia, grandes desplazamientos de población y que esta situación va a producir terribles guerras, probablemente hasta nucleares. No es casual que un mes atrás la flota norteamericana cruzó el Estrecho de Suez acompañado por la flota del Estado de Israel y se instaló en el Estrecho de Ormuz. Lo que Fidel Castro en ese momento denunció como la posibilidad de una guerra nuclear, se está aproximando.
Argentina, y probablemente América Latina, son un enorme reservorio de recursos naturales y de agua. Si uno junta las cuencas del Orinoco, del Amazonas y del Plata, es un enorme reservorio de recursos de agua dulce y particularmente lo que se llama el Acuífero Guaraní, que abarca la provincia de Corrientes, el sur de Paraguay, entra por el sur de Brasil y llega hasta prácticamente las puertas del Uruguay. Es uno de los reservorios de agua dulce más grandes del mundo. Hoy día, el multimillonario “ecologista” Douglas Tompkins ha comprado más de 150.000 hectáreas en los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes, teóricamente en defensa de los recursos naturales.
Esto nos lleva a la situación de que cuando se habla de democracia yo afirme que no hay democracia sin soberanía. No es la democracia la que nos lleva a la soberanía; es la liberación nacional la que nos va a llevar a la soberanía.
Estamos llegando a situaciones bastante límites en nuestro país. El contrabando ilegal de aproximadamente sesenta avionetas por mes que trasponen la frontera del Paraguay trayendo drogas y no se sabe qué otras cosas más, produce mucha inquietud porque no hay un sistema de radares. Argentina tiene el 11 por ciento de su territorio cubierto por radares mientras la mayoría de los países latinoamericanos tienen el 90 por ciento de su territorio. Por eso estamos bajo la amenaza de sectores del narcotráfico disfrazados de guerrilla rural en Paraguay, Gran Bretaña que asoma en las islas Malvinas y la indefensión de la Argentina.
Brasil en estos momentos está tratando de consolidar la Unasur, y el próximo paso sería la construcción probablemente de un sistema regional de defensa. Esperemos no llegar tarde y que el conflicto se nos instale, ya definitivamente, no por vías diplomáticas sino por vía militar.




(*) Director y guionista de los documentales Hundan al Belgrano (1996) y Rebelión (2003).

Soliz Rada


Sin soberanía interna no
habrá soberanía externa

Andrés Soliz Rada (*)



En el análisis del conflicto entre Argentina y América Latina, por una parte, e Inglaterra, la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, por otra, por el control de la Antártida, las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, sería erróneo no tomar en cuenta las maniobras de los agresores, ya que los centros de poder mundial siempre buscan profundizar su dominación. Si se apropiaron de los recursos estratégicos, se empeñan en anular todas las formas de asociación y defensa de los Estados nacionales. Si esa meta ha sido alcanzada, buscan la destrucción de los Estados para retornar al colonialismo, que implica la pérdida inclusive formal de soberanía política.

Indigenismo y separatismo

El debilitamiento de varios Estados nacionales suramericanos ha sido fomentado, en los últimos años, a través del ultra indigenismo, del autonomismo y de concesiones desmesuradas a provincias y regiones. La nueva Constitución Política del Estado de Bolivia (CPE) reconoce a 36 naciones indígenas, con apropiación de recursos naturales renovables, veto a contratos sobre los no renovables, libre determinación, validez igualitaria de justicias comunitarias y virtual derecho a fundar nuevas naciones. Lo anterior nos recuerda a la ex Yugoslavia. El avance de autonomías regionales, que en muchos casos buscan el separatismo, tuvo lugar en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), Guayaquil (Ecuador) y Zulia (Venezuela). El objetivo residió en debilitar a los gobiernos de Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez, por no ser dóciles a Estados Unidos.
En su primer período de gobierno (2006-2010), Evo enfrentó el separatismo de la “Nación Camba”, en el oriente boliviano, mediante el indigenismo a ultranza. A este período corresponde la nueva CPE y el reconocimiento a 36 naciones inexistentes. Una vez derrotado el proyecto separatista, el régimen ha detenido las pretensiones indigenistas, financiadas por ONG. Ahora está tratando de recuperar la centralidad estatal. Sin embargo, al no haber enfrentado a los separatistas con las banderas de la unidad nacional, el país ha quedado sin la cohesión social necesaria para enfrentar al narcotráfico, a la inseguridad ciudadana y al contrabando.
En el sur argentino, donde el Estado nacional necesita acentuar su presencia, debido al conflicto con los ingleses, los gobiernos provinciales han conseguido atribuciones excesivas. No se trata, como podría creerse, de plantear el retorno a centralismos dañinos que, efectivamente, han desconocido los aportes de culturas originarias y legítimos reclamos autonómicos. Se trata más bien de lograr que nuestros Estados nacionales incorporen las diversidades culturales, así como justas demandas autonómicas y provinciales, en el marco de nuestros Estados nacionales y en la perspectiva de la Patria Grande.
La preservación de nuestros Estados nacionales se hace aún más urgente, sobre todo, como advirtió Miguel Ángel Barrios, en su Manual de seguridad y geopolítica de América Latina, en momentos en que, después de 500 años, ha comenzado la des occidentalización del mundo, ya que, por primera vez en forma sostenida y permanente, el flujo de riqueza, por la acumulación de divisas por parte de China y el incremento de los déficit de Estados Unidos y la UE, se desplaza ahora del Oeste al Este del planeta.

Corrupción y soberanía nacional

Uno de los inspiradores de la Izquierda Nacional boliviana, Sergio Almaraz Paz, recalcaba que “el estaño es el hueco por donde se escapa la soberanía nacional”. Si reemplazamos la palabra estaño por el vocablo “corrupción”, la afirmación tiene mayor validez aún en los países periféricos. Para los centros de poder mundial, la corrupción es un instrumento de descapitalización y succión de las regiones sometidas. Las potencias no pueden justificar el funcionamiento legal de paraísos financieros, alrededor de los cuales giran mafias del narcotráfico o del comercio ilícito de armas.
La ausencia de base ética del eurocentrismo se refleja en su incapacidad de incluir es sus textos de enseñanza el tráfico de esclavos que acompañó a la acumulación originaria del capitalismo. De esta manera, pretende separar sus conquistas económicas, artísticas, científicas o culturales del comercio de esclavos y de la succión de materias primas. En su opinión, tales conquistas se deberían, exclusivamente, al “genio” del “hombre blanco”, cuya supuesta superioridad genética justificaría sus genocidios, latrocinios y la principal responsabilidad de la polución ambiental.
Si bien la corrupción cero es inexistente, por ser inherente a la condición humana, nuestros gobiernos deben adoptar una política de “cero tolerancia a la corrupción”, a fin de impedir que la impunidad corroa nuestras débiles e inconstituidas estructuras institucionales y así fortalecer nuestra autoestima, sin la cual es imposible enfrentar a los amos del mundo. En abril de 2010, el gobierno de Evo promulgó la Ley de Investigación de Fortunas (cuya autoría me pertenece), que permite al Poder Judicial investigar el origen de bienes y recursos de empleados públicos, así como a personas y empresas privadas que negocian con el Estado. Si los gastos de éstas superan a sus ingresos, se procede a la investigación correspondiente. En realidad, el procedimiento no es nuevo, ya que el FBI, de Estados Unidos, lo aplicó, en la década de los años veinte, para encarcelar al célebre gangster Al Capone. De lo que se trata, es de encarcelar a los “Al Capones” que pululan en nuestras sociedades mientras debilitan los esfuerzos por la liberación nacional.

Recursos tangibles

Al observar que Estados Unidos usó el pretexto de buscar armas químicas inexistentes para invadir Irak, la que causó más de un millón de muertos, es posible dimensionar los extremos a los que son capaces de llegar las grandes potencias, a fin de controlar los recursos vitales del planeta. Las reservas mineras, de gas y petróleo en el Atlántico Sur y la ubicación estratégica de las Malvinas son el gran escollo que tienen Argentina y América Latina para su recuperación.
La necesidad de la UE de aferrarse a la Antártida se tornó más perentoria por el fortalecimiento geopolítico de Brasil, Rusia, la India y China, agrupadas en el famoso BRIC. Brasil tuvo que adquirir, en abril pasado de 2010, un submarino nuclear de Francia, a fin de preservar sus reservas de gas y petróleo de la Bahía de Santos, ante la decisión del Pentágono de desplegar su Cuarta Flota en las costas suramericanas. La instalación de bases militares norteamericanas en Colombia precedió también a esa decisión brasileña. Lo anterior, incrementó el apoyo de Lula a la causa de las Malvinas, a tiempo de reiterar la irracionalidad que significa que el Reino Unido mantenga la ocupación de las Malvinas, ubicadas a 14.000 kilómetros de su territorio, a fin de prolongar la presencia británica, que se inició con la invasión militar del 2 de enero de 1833.
Los ejercicios bélicos británicos en las Malvinas, realizados de manera sistemática, con misiles disparados desde territorio argentino y que caen en aguas territoriales argentinas, la reciente decisión del Presidente uruguayo José Mugica, de impedir que un barco de guerra inglés que viajaba a Malvinas, se abastezca de combustible en el puerto de Montevideo, plantean al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner la urgencia de derogar el aún vigente tratado de “eterna” amistad suscrito por Buenos Aires y Londres, el 2 de febrero de 1825, anular el anexo económico al Tratado de Madrid, de 1990, por el que el país agredido concede a Inglaterra la condición de nación más favorecida en temas comerciales y de inversiones, revocar al Barclays Bank de Londres (accionista de la Desire Petroleum que explora el petróleo de las Malvinas) la autorización para negociar el canje de la deuda externa, anular las concesiones a la British Petroleum en su cuenca petrolera y poner fin a la abrumadora presencia de empresas de la Commonwealth en la minería argentina.
El funcionamiento del Banco del Sur, el restringir la presencia de capitales de Estados Unidos y de la UE en el Mercosur, así como la urgencia de lograr que nuestros Estados nacionales anoten a su nombre en Bolsas de Valores nacionales y extranjeras el valor de nuestras reservas de gas, petróleo, litio, cobre y otros minerales es parte indisoluble de la causa de Malvinas. Esto último es posible hacerlo. Sólo se trata de copiar lo que hace Brasil, a fin de que el valor de sus reservas de hidrocarburos esté inscrito en Bolsas de Valores a nombre de Petrobrás, lo que le permite obtener enormes financiamientos, con los que es posible comprar modernas tecnologías o estructurar sociedades con capitales privados, pero en las que nuestros Estados nacionales negocien desde posiciones ventajosas.
América Latina necesita comprender que nuestras fronteras interiores limitan con las transnacionales que explotan nuestros recursos naturales y se quedan con la mayor parte de los excedentes económicos. Si nuestras fronteras interiores no están debidamente protegidas, nuestra soberanía externa seguirá siendo vulnerable.

Recursos intangibles

El siglo XIX se caracterizó por el reparto colonial del mundo periférico y el siglo XX, por el implacable saqueo de materias primas. De no producirse cambios sustanciales, en el siglo XXI, las potencias controlarán las conciencias.
Los avances en esa dirección se han producido mediante ONG y la producción casi exclusiva de informaciones y análisis noticiosos eurocentristas. En tanto las transnacionales y los Bancos han copado, en gran medida, la explotación, comercialización e industrialización de materias primas, las ONG dominan países periféricos a través de “ayudas sociales” y orientación de la microeconomía. Las ONG son patrocinadas, en enorme proporción, por Estados Unidos y la UE, por organismos internacionales, como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y por sus transnacionales.
A modo de ejemplo, recordemos que el famoso Foro Social Mundial, en el que participan con frecuencia relevantes personalidades antiimperialistas, como Fidel Castro, Lula o Hugo Chávez, es financiado por la Fundación Ford, vinculado a la CIA y al gobierno de Estados Unidos. La consigna del Foro: “Otro mundo es posible”, ¿será posible alcanzarla con desembolsos de empresas, como la Ford, interesadas en mantener la expoliación de las semicolonias? En semanas precedentes, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, transfirió su acciones en “Chile Visión” (que perteneció a una universidad estatal), a la Time Warner, vinculada a la CNN, HBO y otros consorcios estadounidenses.
Para Estados Unidos, Inglaterra o Francia sería inconcebible que grupos islámicos o consorcios chinos o japoneses adquirieran la CNN, la BBC de Londres o Radio Francia Internacional. Lo que ocurre es que a nombre de una “libertad de expresión”, acuñada en su beneficio por los intereses del capital financiero, los países periféricos sufren procesos de alienación, como el que tuvo lugar en la Guerra de las Malvinas, en cuya oportunidad, el general Pinochet, con apoyo de sectores de opinión pública, permitió al Reino Unido usar bases militares chilenas, en contra del pueblo argentino y latinoamericano.
En los últimos meses, se ha avanzado en la posibilidad de crear la Unión Latinoamericana de Agencias Noticiosas, la que podría servir de inicial contrapeso a los descomunales aparatos mediáticos de las potencias. Una de las primeras tareas del nuevo organismo residirá en generar nuestras propias categorías conceptuales relativas a la libertad de expresión, actualmente usada por medios de comunicación al servicio del capital financiero.

Las Naciones Continente

De lo expuesto se deduce, como nos enseñó Alberto Methol Ferré, que si la América morena desea alcanzar su destino en el siglo XXI tiene que convertirse en una Nación Continente, concebida, de manera precursora, por el general Juan Domingo Perón. Nuestra Nación formará parte del nuevo mundo plural, junto a China, la India y Rusia, e integrado también por Estados Unidos y la UE, pero sin su actual hegemonía. El proyecto de Nación Latinoamericana industrializada ha dado sus primeros pasos con el Mercosur y la Unasur. La Unasur debe tener como cimientos, por su mayor peso económico, al Brasil (aporte lusitano), por una parte, y a la Argentina y Venezuela (aporte hispano), por otra. Recordemos que España y Portugal, que estuvieron unidos en el pasado, estructuraron nuestros perfiles iberoamericanos. Si Brasil opta, como hasta ahora, por asumir un papel hegemónico y excluyente frente a sus vecinos, debilitará el proyecto continental, pero también empantanará su propio proyecto nacional.
La Nación Iberoamericana es incompatible con el ultraindigenismo disgregador y con los proyectos autonómicos a ultranza, así como con visiones provincianas. La Nación Continente latinoamericana está basada en la defensa del castellano, como idioma unificador, que nos permite insustituibles intercambios culturales, científicos y tecnológicos con el resto del mundo, así como en nuestro mestizaje, teñido con los aportes de culturas indígenas que nos enorgullecen.
Las Naciones Continente derrotarán a la globalización neoliberal, basada en la desregulación de los Bancos, la que ha permitido a Estados Unidos emitir millonarias cantidades de dólares sin respaldo alguno y que pretende mantener mediante el nuevo consenso post Washington. En la nueva globalización de las Naciones Continente, cada una de ellas tendrá sus propios Bancos y pondrá fin a los delincuenciales paraísos financieros.
La Nación Continente latinoamericana, al estar basada en la autoestima y en cero tolerancia a la corrupción, desarrollará una nueva visión ética de la sociedad, en la que los costos para resolver el problema de la contaminación ambiental serán pagados por todos los países del mundo, en proporción en la que lo contaminaron. Este acuerdo está llamado a impedir que el planeta se transforme en una estepa humeante, envuelta en humos radiactivos, como advirtió Fidel Castro.
La Nación Continente latinoamericana protegerá sus recursos tangibles e intangibles, eliminará los enclaves coloniales como los del Reino Unido en el Atlántico Sur o los de Holanda en las Antillas. Contribuirá a remodelar el desequilibrado orden informativo mundial y logrará que la América mestiza aporte a la estructuración de un nuevo orden económico mundial, con preservación ecológica, libre de las peores formas de corrupción y del narcotráfico, pero también sin que la codicia continúe siendo el motor de la sociedad, para dar paso a un mundo más equilibrado, más justo y más humano.




(*) Abogado, político, periodista, dirigente sindical y profesor universitario. Es uno de los más destacados defensores de los recursos naturales de su país. Fue el primer Ministro de Hidrocarburos del presidente Evo Morales (2006). Fue corresponsal de agencias internacionales de noticias, trabajó en radio y televisión, en los diarios La Opinión (Buenos Aires) y Le Monde (París) y la revista Tiempo (México). Fue Secretario Ejecutivo de la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia (1985) y Vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (1988).

Rubén Heguilein


29 de Septiembre
Panel III
Expositor: Rubén Heguilein

Muy agradecido a las autoridades del Congreso Latinoamericano, a los invitados que hoy nos acompañan y especialmente aunque yo sea parte, quiero agradecer a esta Universidad que se ha permitido entre sus heterodoxias albergar, como Universidad Nacional, un Observatorio sobre a cuestión de Malvinas. Digo heterodoxia además porque tenemos una mirada distinta de mirar las cosas, y en esa mirada distinta o diversa yo lo que quiero rescatar es esta realidad contradictoria que señalaba Williams Gonçalvez. Porque yo veo en esa realidad contradictoria más que una contradicción la coexistencia de dos realidades que no son simultaneas, que no se corresponden en el tiempo. Y una tiene que ver básicamente en el eje Malvinas con la rémola que significa Malvinas, esta cuestión digamos más propia del siglo XIX que del siglo XXI. Y la parte contradictoria con esto es, que quienes tenemos la responsabilidad de educar y formar recursos humanos para representación de los intereses de nuestros estados en nuestra región, la carencia de herramientas adecuadas para un diagnostico que promueva algún tipo de acción efectiva para finalizar con estas situaciones, para darle fin una superación a ese estado de cosas.

Me parece que la primera cuestión que como eje simbólico nos plantea Malvinas es la incapacidad que tenemos a veces para comprender que es lo que ha pasado y que es lo que pasa; y por lo tanto mucho menos lo que pasará. Y en ese sentido la heterodoxia de esta institución que celebro es la de invitarnos a una relectura de lo que es la disciplina de las relaciones internacionales que innegablemente son una disciplina metropolitana. Y en este esfuerzo, que no puede ser aislado solo de Argentina creo que necesitamos también como socios a los países de la región. Porque si no tenemos otras herramientas analíticas para diseñar un futuro, sobre todo en esta invitación estratégica a la mirada estratégica del mañana, con esas herramientas difícilmente la consigamos. Entonces, así como la transmisión del pensamiento latinoamericano es fundamentalmente una lectura situada y crítica a lo que sucede en el mundo, me parece que nos debemos, todos, y yo acepto mi responsabilidad como titular de la carrera, el promover este tipo de razonamiento para encontrar otro tipo de repuestas. Porque con las mismas herramientas encontraremos las mismas respuestas.

Sin ir más lejos, los años 90, fueron años en que Malvinas se debate casi de una manera colateral. La capacidad explicativa es periférica. Me parece que no es mirar la cuestión Malvinas, me parece que es enredarse en un avatar teórico que no resuelve la situación. Y sobre todo no resuelve la situación porque esta situación es de términos políticos, no es una solución que es un enigma analítico; no es una cuadratura en círculo, esto requiere acciones para efectivamente conseguir objetivos.

Yo creo que la superación de este estado de contradicción va a aparecer en la medida en que se empiece a afianzar una visión de la política exterior fundamentalmente como el despliegue externo del proyecto político domestico. Esto es algo con lo que castigo a mis alumnos por lo menos dos veces por semana, hasta que comprendan que esto se trata de política, no se trata de teoría. Y cuando hablamos del  despliegue externo del proyecto político doméstico, lo que fundamentalmente estoy marcando y me parece que es el tono de la época que por suerte nos toca vivir, es la subordinación de la economía a la política, cuestion que hemos vivido 50 años sometidos a las reglas de los modelos formales de la economía donde la política y la capacidad de transformación y los proyectos no tienen espacio. Esto era una especie de anatema impronunciable.

Entonces yo comparto esta mirada de Gonçalvez. A veces ese reconocimiento en aquel momento cuando mantuvo aquel café, es un poco a veces las lecciones que nos da la vida misma que sirven para la política. Que solo sosteniendo objetivos con pasión y con persistencia lo podemos poner en perspectiva y finalmente poder ver algún fruto. Creo que esta mesa es una invitación a la perspectiva. Pasión todos tenemos por el tema, lo que quizás nos haya faltado es persistencia. Y en esa falta de persistencia, la aparición de estas contradicciones.

La larga tradición del pensamiento latinoamericano sobre la región y las cuestiones como Malvinas, que caben las reglas para la Amazonia y para la región Andina, en diferentes etapas lo hemos tomado de diferentes maneras pero solo en la etapa fundacional de la región la hemos tomado de forma proactiva, con aquel proyecto bolivariano que de alguna manera fue capaz de concebirnos como unidad. El resto de las concepciones o visiones o impulsos colectivos de la región van a surgir más diría como reactivos a estímulos externos. El  panamericanismo aparecía como una forma de rechazo a la ingerencia externa, independientemente de la relación conflictiva que eso implicara con los EEUU.

En el final de la Segunda Posguerra vamos a ver las primeras visiones colectivas acerca de lo que podría comenzarse a concebir como la proyección de carácter global de la región en el mundo. Y estoy pensando fundamentalmente en el ABC. Y estoy pensando en dos momentos del ABC. Estoy pensando en el ABC como fue concebido en el orden conservador, simplemente como un mecanismo del cual se desconfiaba si podía servir para resolver disputas regionales. Y en la etapa de posguerra cuando se concibe al ABC como una plataforma de producción regional. Me parece que independientemente de los avatares políticos de la posguerra y la atención que han llevado, vamos a llamarlo elegantemente hoy, nuestros desajustes domésticos, que nos impedían fundamentalmente pensarnos en el mundo, hoy creo que subordinada la economía a la política tenemos alguna posibilidad de conseguir alguna proyección global, pero como actores regionales. Creo que no hay alternativa individual para ningún actor estatal en la región que no caiga en las reglas de la vieja disciplina de las relaciones internacionales que, como planteaba Hobsbwam son esencialmente una ciencia social estadounidense, porque ha sido desarrollada a su medida y su propia historia es la historia del desarrollo analítico de las relaciones internacionales. Esto por lo tanto, no es ningun descubrimiento.

Ahora, sobre que reglas podemos proyectarnos globalmente? Y esto me parece que es lo que va a articular y lo que le va a dar capacidad simbolica a este momento historico. Creo que uno de los elementos basicos es la capacidad para dar con soluciones colectivas, y que esas soluciones colectivas son el resultado de un conjunto de respuestas individuales a través de las cuales cada estado construye una solucion colectiva. En estos días tenemos una vuelta de atención sobre el tema Malvinas a propósito del tema de los recursos naturales. Esta vuelta sobre la mirada extractiva, esta revision sobre el estractilismo simononico, lo que poco nos advierte es acerca de que a mano estan una cantidad de respuestas regionales que pueden contribuir a la solucion colectiva.

Esto lo han escuchado bajo la mirada o el rotulo de incrementar los costos de la usurpación. Si concebimos regionalmente que la usurpación es colectiva y es de carácter regional y cada uno esta dispuesto desde su lugar a dar una respuesta individual se construye una respuesta colectiva. ¿Qué quiero decir con esto? En la medida en que Uruguay, Brasil, Chile estén dispuestos a llevar adelante una politica de encarecimiento de la operación britanica en Malvinas está más cerca una solucion colectiva. Ahora, esto significa tambien, y esto va especialmente para los argentinos, que no nos podemos mirar el ombligo. Y esto significa el compromiso, a su vez, de la Argentina de dar respuestas de carácter individual a los conflictos de la region. Comprometerse activamente y además ser indubitablemente actor proactivo de este tipo de soluciones. Si no no esperemos reciprocidad. Si la construccion es colectiva nos involucra a todos, y si nos involucra a todos tenemos intereses comunes que debemos estar dispuestos a darle ese rol en la agenda regional. Si no hacemos esto vamos a vivir como en los ultimos dos siglos con una agenda impuesta en la region por la potencia hemisferica.

Yo me acuerdo, era muy chico, recien me habia recibido y participo en una actividad en el Palacio San Martín. Esa noche pude escuchar una charla que dio Elliot Evrauns el nombrado Secretario Adjunto del Estado para Asuntos Latinoamericanos, se dirigió a los dirigentes politicos argentinos y diplomaticos y les explico que la agenda para la region era una regla de 3 “d”, y les dio una regla nemotécnica. Ustedes piensen siempre en las 3 “d” y van a encontrar la agenda ¿Cuáles eran estos temas de las 3 “d”? Ustedes tienen el problema de la deuda, el problema de la droga y el problema de la democracia. Cuando resuelvan estos tres temas podemos pasar a otra agenda. Tomo el vaso de agua y se retiró. Lo cierto es que este diagnostico y esta agenda ofrecida para la región es en gran parte la agenda, que 25 años después de la democracia, seguimos teniendo. Desgraciadamente es asi. Con un problema adicional: en el momento en el que estamo concibiendo lo que podemos llamar la reestructuracoin en el plano de lo estatal y lo interestatal para tratar de proyectar a la region como un actor global, nos aparecen amenazas de carácter no estatal. Y son amenazas de carácter no estatal que tienen que ver con problemas domesticos estadounidenses. De esto los mexicanos me pueden dar catedra a mí, yo lo se. Pero esta es la realidad que nos toca.

Entonces, como problema adicional plantearía la necesidad de la reconstitucion de la unidad estatal sobre todo esta cuestión de los espacios sin ley hoy tan discutida; fenómenos colaterales a las drogas y migraciones como son las Maras, y todo el fenomeno este de violencia con cuestionamientos fundamentalmente de la legitimidad estatal para pacificar un espacio poloitico como ser el Estado, son temas que nos empiezan a aparecer ahora en una agenda que tenemos que empezar a ver como una agenda propia para poder intentar proyectarnos como actores globales en ese tablero de la politica mundial que esta verdaderamente lleno de oportunidades, pero la cual no podemos calificar como jugadores de primera categoria si pretendemos hacerlo de forma esporadica. Esto quiere decir, miramos un poco el tablero domestico y un poco el tablero externo. Y pensamos que a fuerza de golpe de suerte podemos llegar a obtener algun beneficio. Imposible.

Lo más acertado me parece en la convocatoria a esta “misa”, está en la necesidad de definir cual va a ser nuestro rol politico estrategico. Somos una region que va a crecer endogamicamente, somos una region que va aproyectarse como un puente comercial con otras regiones, políticamente que agenda tenemos para ofrecer en Africa, en Asia, en la ex Europa Oriental. Creo que de esto nos hemos preguntado poco. Creo que es una tarea pendiente pero no quiero mirar la mitas del vaso vacio, quiero mirar la mitad d el vaso lleno, y lo quiero pensar en terminos de oportunidad. Yo creo que hoy por hoy la crisis financiera estadounidense, independientemente de algunos aspectos que en lo personal tiene de critica a programas de vivienda popular, sin negar la crisis, digo que solapadamente la derecha estadounidense hackea políticamente estos programas.

Creo que esta crisis en que esta sometido los EEUU nos da una oportunidad de una coyuntura casi diria una pausa, para poder pensar lo que queremos hacer. Y en ese que queremos hacer primero tenemos que empezar con las viejas deudas. Y yo creo que la deuda mas vieja que tenemos es casualmente esta que convoca el tema del Congreso. Creo que definitivamente la crisis, sobre todo en un  sistema de instituciones internacionales y de derecho internacional, esta puesta sobre la mesa. Que la formulacion de las normas del orden internacional nos da por primera vez por lo menos una ventana e ooprtunidad deonde podemos regionalmente llegar a decir algo, y yo diria que finalmente no deberiamos dejar pasar esta iniciativa y esta coyuntura donde hemos tenido capacidad en muy poco tiempo para construir una serie de agendas comunes empezando por MERCOSUR, donde ha superado lo comercial y ha podido establecer algunos foros politicos y coordinación de politicas. Pero no puedo dejar de pensar en UNASUR y tampoco quiero dejar de mencionar el Consejo de Defensa Suramericano que me parece que ante la crisis de TEAR, de la OEA, por lo menos esta planteando una alternativa.

Yo voy a aprovechar la oportunidad de reafirmar el compromiso por Malvinas, para reafirmar el compromiso con mis alumnos. En este camino de formación que han empezado, de lectura critica de lo que ha sido la producción académica y de formación de recursos para las relaciones internacionales y la diplomacia como una de sus expresiones, es un largo camino que hemos comenzado con un grupo de docentes y autoridades que nos han apoyado muchísimo. Yo lo que esperaría, con esa persistencia como le paso a Williams Goncalvez es que dentro de 20 años Williams y yo podamos estar sentados ahí y algunos de nuestros alumnos dándonos las soluciones.

Rodriguez G


El conflicto de Malvinas. Enseñanza de futuro para nuestra integración latinoamericana y caribeña

Sergio Rodríguez Gelfenstein (*)



Durante la madrugada del 2 de abril de 1982, Ronald Reagan y el general Leopoldo Galtieri mantuvieron un tenso dialogo vía telefónica que duró aproximadamente cincuenta minutos. En ese momento ya era un hecho la recuperación de las Islas Malvinas en el Atlántico Sur por tropas de las Fuerzas Armadas argentinas. Las islas permanecían ocupadas por Gran Bretaña desde el 2 de enero de 1833, veintidos años después del retiro, en 1811, de la guarnición española destacada en ese territorio: Así mismo habían pasado trece años desde el 6 de noviembre de 1820, cuando Argentina como nación independiente declarara y ejerciera la soberanía efectiva sobre este archipiélago, distante a 500 kilómetros de la costa patagónica y a 14.000 kilómetros del Reino Unido.
El general Galtieri, ex comandante en jefe de las Fuerzas Armadas argentinas, con escasos cuatro meses al frente de los destinos de esa nación, después de haber desplazado del poder al general Roberto Eduardo Viola en diciembre de 1981, no se sintió cómodo ni satisfecho una vez finalizada la entrevista con el presidente estadounidense. Galtieri tenía la secreta esperanza de obtener un claro respaldo de Reagan, o al menos una efectiva y cómplice neutralidad que contribuyera a impedir una reacción británica en la que podría emplear todo el poder de sus armas. Por el contrario, el mandatario norteamericano había intentado en reiteradas ocasiones convencer al general que se abstuviera de una operación bélica en las Islas Malvinas, y le advirtió que ante una “agresión”, como la calificó, provocaría una segura y enérgica respuesta de Margaret Thatcher. Finalmente le habría ofrecido intermediar ante el inminente conflicto internacional [1].
Los rápidos enfrentamientos por la recuperación del archipiélago, se convirtieron apenas en el primer combate de una guerra que provocaría múltiples consecuencias en diferentes ámbitos y que se libraría en diversos escenarios, muy distantes de las frías e inhóspitas costas y mares adyacentes a las islas.
En el plano internacional, Argentina parecía tener todos los elementos a su favor. Pretendía recuperar una parte de su espacio territorial cuya legitimidad había sido reconocida por los organismos internacionales con injerencia en el caso, la Organización de Naciones Unidas (ONU), al reconocer la naturaleza colonial de diferendo en su Resolución 1514 (XV) y la validez de los reclamos argentinos sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur en su Resolución 2065 (XX) invitando a los gobiernos de Argentina y Gran Bretaña a mantener negociaciones por el futuro de las islas.
En ese marco, apenas dos días después de la ocupación militar, a petición de Gran Bretaña, se reunía con urgencia el Consejo de Seguridad de la ONU. La resolución 502 adoptada por este organismo fue contraria a los propósitos argentinos. En el acuerdo se condena la acción y se exige el retiro inmediato de las tropas. Éste, quizás no fue el golpe más duro y sorprendente para Galtieri y sus generales, como sí lo fue la conducta de Estados Unidos de pleno respaldo a la moción propuesta por su principal aliado europeo en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Como afirma Isidoro Gilbert[2], “la diplomacia de Galtieri conducida por Nicanor Costa Méndez, no leyó bien el mapa mundial. Estuvieron (sic) persuadidos de que en el Consejo de Seguridad, tanto la Unión Soviética como China iban a torpedear cualquier resolución que atara las manos al Reino Unido. Moscú y Pekín hicieron gala de solidaridad verbal con los argentinos. Dentro de la URSS, lo menos que se quería era un involucramiento directo que afectara las relaciones con Londres y Washington de manera brutal. Los soviéticos se habían convertido en el primer comprador de alimentos argentinos y por eso la Junta Militar se negó a apoyar el bloqueo comercial contra Moscú por su invasión a Afganistán”.
 Así comenzó a desarrollarse una trama en la que se había creado una cabeza de playa en la arena internacional, escenario en el cual el gobierno norteamericano se transformaría en un actor determinante en la derrota de Argentina en sus aspiraciones por mantener la soberanía sobre las islas. La prensa bonaerense de inmediato se hizo eco de este “asombro doloroso”. 
 Entre los días 26 y 28 de abril se reunieron en Washington, a petición de Argentina, los ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA). La declaración adoptada por los países americanos fue de respaldo mayoritario a las aspiraciones argentinas. Diecisiete votos a favor, con la abstención de cuatro de sus miembros,  Estados Unidos., Chile, en ese momento bajo la dictadura de Pinochet, Colombia y Trinidad-Tobago. La declaración estaba fundada en el artículo 6 del documento constitutivo del Tratado Interamericano de Defensa (TIAR), firmado en Río de Janeiro el 2 de septiembre 1947, que sustenta el principio de la solidaridad interamericana y establece “las medidas que en caso de agresión se deben tomar en ayuda del agredido o en todo caso las que convenga tomar para la defensa común y para el mantenimiento de la paz y la seguridad del Continente” [3]. El acuerdo demandaba a Gran Bretaña el cese de hostilidades, reconocía la soberanía de Argentina sobre las islas, le exigía a este país no agravar la situación ya creada, para finalmente demandar una tregua y una solución negociada del conflicto. Fue un contundente triunfo argentino propiciado por un claro sentimiento latinoamericanista de los países del área, que la prensa argentina celebró alborozada. Muy poco tiempo duraría este regocijo en aquellos que conducían política y militarmente la nación argentina.    
 El 30 de abril, dos días después de la reunión de la OEA, el presidente Reagan informa mediante declaración pública dada en la Casa Blanca, su clara y definitiva alineación junto a Gran Bretaña frente a la “agresión armada” argentina. Casi inmediatamente el Secretario de Estado Alexander Haig, anuncia un paquete de sanciones económicas y militares que Estados Unidos le impondría al gobierno y las Fuerzas Armadas del país austral. Es sabido que desde los primeros momentos Estados Unidos apoyó con infraestructura, combustible, repuestos e insumos militares a la Armada Real y a las tropas inglesas, de la misma manera que ofrecieron toda la información acumulada sobre las capacidades combativas de las fuerzas argentinas, el tipo y posibilidades de su técnica de combate aérea, naval y terrestre. También pusieron a disposición del alto mando británico información obtenida por intercepción radio-electrónica, datos meteorológicos y de localización de los principales medios navales y aéreos argentinos, para lo cual dispusieron del pleno empleo de información satelital y la exploración de aviones especializados Awacs estadounidenses. En esta vasta colaboración se incluyó hasta información proporcionada por la CIA. Lo único que no harían –señaló el presidente estadounidense– era participar directamente en el conflicto con tropas[4].
 El 16 de junio de 1982, un mes y medio después del anuncio norteamericano de apoyo irrestricto a Gran Bretaña, el general Galtieri reconoce públicamente en un mensaje al país la derrota de las tropas argentinas a manos de las fuerzas británicas[5]. Pocos días más tarde, el propio Galtieri en entrevista concedida a la periodista Oriana Fallaci, entre otras cosas admite con amargura y decepción el papel de Estados Unidos en la derrota, y llega a calificar el proceder norteamericano como una “traición” [6]. En el mismo día y mes de junio, Nicanor Costa Méndez, diplomático de carrera, inveterado anticomunista, muy cercano a Estados Unidos y ministro de Relaciones Exteriores del gobierno argentino, debe reconocer la capitulación y se la adjudica a la superioridad militar y tecnológica de Gran Bretaña y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, y acepta con amargura la determinante participación de Estados Unidos, en el que actuó más como integrante de esa alianza militar que une a los dos países, que como miembro del TIAR. A continuación, el canciller argentino de manera sorprendente, denuncia la desarticulación del sistema y pacto de defensa hemisférico, ante el desconocimiento de sus resoluciones por parte del gobierno estadounidense [7].
 No es posible abstraerse del papel que jugó en este conflicto la prolongada y cruenta lucha librada con alguna intermitencia, desde la década de los 60, por estas mismas Fuerzas Armadas contra las organizaciones políticas y sociales populares argentinas, en una guerra interna profundizada desde el golpe militar de 1976, en el cual las graves violaciones a los derechos humanos fueron el rasgo distintivo del actuar de las diferentes juntas militares que se sucedieron en el poder. El legítimo sentimiento patriótico que concitó en los argentinos la recuperación de las islas, fue suficiente para unificar a todo un pueblo tras esta guerra justa conducida por dictadores antidemocráticos responsables de torturas y de decenas de miles de desaparecidos. De igual manera, e independiente al heroísmo de pilotos, marinos y soldados que sin preparación fueron llevados a la guerra, es imprescindible considerar en la derrota la demostrada incapacidad de los conductores y oficiales en la preparación, planificación, aseguramiento multilateral, organización y realización de los combates. Su probada eficacia en la guerra contrainsurgente desplegada contra guerrilleros urbanos y rurales en el propio territorio continental, les brindó cierta suficiencia en la apreciación y evaluación de sus propias capacidades, falencia que quedaría en dramática evidencia, ante la magnitud y carácter de los combates contra las fuerzas invasoras profesionales británicas [8]. No obstante estas consideraciones generales de la lucha armada, limitada territorialmente al teatro de operaciones del Atlántico Sur, es en el escenario internacional donde mayores y más sorprendentes fueron los yerros de los militares y políticos planificadores de esta contienda.
 La amarga y dolorosa consternación sufrida por los generales argentinos ante el abandono estadounidense, que incluso llevó a Galtieri a calificarlos de “traidores”, fue demostrativo de que su formación les impedía entender la esencia imperialista de la política exterior de Estados Unidos, en la que existe una prolongada historia de vínculos con los países del sur del Río Bravo, basados invariablemente en sus intereses económicos, de expansión y dominación, antes de obedecer a principios y compromisos éticos y políticos.
Por primera vez en la historia de las relaciones interamericanas se ponía a prueba la esencia del “panamericanismo” y su supuesta concepción de defensa regional, ante una potencia extra continental, en este caso Gran Bretaña, que actuaba en contra de una de las naciones de América. En el conflicto de las Malvinas, las complejidades de las relaciones internacionales creadas después de la Segunda Guerra Mundial y las intenciones de los militares por solucionar la grave situación interna a partir del justo reclamo nacional por las Malvinas, habían desestructurado un escenario internacional largamente construido por Estados Unidos contra el comunismo y los países del campo socialista. Para lamento estadounidense, en la guerra de las Malvinas no fue precisamente la flota soviética la que actuó arteramente en el continente americano.
 Los generales planificadores argentinos habrían estimado la probable respuesta estadounidense a partir de sus excelentes relaciones con Estados Unidos en las últimas décadas, principalmente considerando la cooperación y complicidad del gobierno de Reagan en su lucha contra todos aquellos proyectos democráticos, populares y revolucionarios surgidos en la propia región. Los militares argentinos asesoraron, instruyeron y entregaron préstamos de financiamiento para compra de armamentos a sus pares salvadoreños y a las bandas contrarrevolucionarias que luchaban por derrotar a la Revolución Sandinista. Galtieri, que había estado en dos ocasiones en 1980 en el Pentágono como jefe de las Fuerzas Armadas, era el “niño mimado” de los estadounidenses. En esa misma lógica miembros de la Junta Militar argentina habían visitado al dictador nicaragüense Anastasio Somoza en 1977 y el Estado Mayor del ejército argentino contaba con un plan para combatir al comunismo en todo el continente [9].
 La apreciación argentina de corto alcance había ignorado la condición y conducta imperial de Estados Unidos a lo largo de toda su historia, desde su expansión territorial hacia el oeste que le arrebató a México casi la mitad de su superficie en el siglo XIX, hasta las últimas intervenciones en Centroamérica al finalizar la década de los 70 del siglo pasado.
Por otra parte, desestimaron la correlación internacional de fuerzas políticas y militares creadas a partir del término de la Segunda Guerra Mundial y el orden bipolar que ella creó, en la cual la contradicción fundamental estaba dada por la existencia de dos sistemas antagónicos, representados en un polo por Estados Unidos y los países capitalistas desarrollados, en el cual Gran Bretaña ocupaba un papel principal, y otro polo conformado por Unión Soviética y los países socialistas de Europa del este. Eran aún los tiempos de la Guerra Fría, peligrosamente agravada bajo el gobierno de Ronald Reagan (1980-1988). En este tablero universal, los generales argentinos extraviaron su posición.  
Los intentos de unidad de los países latinoamericanos son de tan larga data, como las aspiraciones de Estados Unidos por impedir o dirigir dicho proceso en función de sus propios intereses. Dos grandes etapas se pueden distinguir a lo largo de esta historia. La primera se extiende desde la independencia de las repúblicas hispanoamericanas hasta casi finalizar el siglo XIX, cuando Estados Unidos interviene militarmente en la Guerra hispano-cubana en 1898. Corresponde con todo el largo proceso de su crecimiento y acumulación capitalista frente al decadente Imperio Británico. Un segundo gran período, se inicia desde esa intervención, bajo su nueva condición imperial, hasta los tiempos actuales, que debiera culminar —es una apuesta— con el nacimiento y consolidación definitiva de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC). Es la etapa de las relaciones de dominación imperialista de Estados Unidos sobre “Nuestra América”, como la llamó José Martí. Sería una falsedad histórica atribuir al imperialismo norteamericano toda la responsabilidad en esta incapacidad de lograr la unidad de los pueblos y naciones del sur del Río Bravo. En este devenir histórico, las numerosas y diversas oligarquías nacionales, compulsadas por sus intereses locales, junto a gobiernos débiles y dependientes, han sido parte significativa del fracaso unitario.
Fueron precisamente las grandes potencias (Gran Bretaña y Estados Unidos), bajo un clima de presión diplomática, las que impidieron alcanzar los tempranos propósitos integracionistas del Congreso de Panamá de 1826 promovido por el Libertador Simón Bolívar. Mucho menos, permitió Estados Unidos la creación de un ejército libertador hispanoamericano –que era uno de los propósitos de los congregados– para participar en las luchas de independencia de Puerto Rico y Cuba aún bajo dominio español.
Después de la muerte de Bolívar, las ideas de unidad regional sólo fueron retomadas ocasionalmente a lo largo del siglo XIX. Seis eventos e intentos unitarios sudamericanos se registran a lo largo de ese siglo, Perú (1847, 1864-1865 y 1877), Venezuela (1856 y 1883) y Panamá (1881). U­no de estos cónclaves (Perú, 1864-1865) llegó a ser considerado como un “congreso hispanoamericano”, en el que se establecieron tratados y acuerdos entre los países participantes; sin embargo, ninguno trascendería en la creación de una organización regional. En su gran mayoría fueron convocados ante las constantes amenazas de las grandes potencias coloniales del siglo XIX. Su rasgo distintivo fue la exclusión de Estados Unidos, que ordenaba sus relaciones a través de los preceptos de la Doctrina Monroe, expresión de de la rivalidad anglo-estadounidense, de su ambición hegemónica, de la disputa de los territorios centro y suramericanos y de las unilaterales intenciones expansionistas de Estados Unidos. El caso de mayor envergadura en la agresión y conquista de un país latinoamericano o del Caribe en ese período, fue la pérdida por México de unos dos millones y medio de kilómetros cuadrados de su territorio, que significaba casi la mitad del país arrebatado por Estados Unidos, en un prolongado episodio de ocupación territorial encubierta y guerra intermitente, desarrollado desde 1821 hasta la capitulación mexicana en 1848 [10].
Los vínculos de América Latina y el Caribe con Estados Unidos desde la última década del siglo XIX, hasta fines del siglo XX, es decir durante toda una centuria, estarían determinados y subordinados a los intereses comerciales y políticos del imperialismo norteamericano. El Panamericanismo nace con el propósito fundamental de contrarrestar la influencia y penetración de Gran Bretaña en el continente. La I Conferencia Panamericana fue organizada en Washington entre 1889 y 1890. Desde entonces hasta la V Conferencia Panamericana, realizada en Santiago de Chile en 1923, el presidente de la organización había sido “por derecho propio” el Secretario de Estado estadounidense. La VI Conferencia celebrada en La Habana en 1928, bajo un régimen dictatorial, es recordada por los intentos de la potencia imperial por aprobar el derecho de intervención. No es hasta la VII Conferencia celebrada en Montevideo en 1933, que los países latinoamericanos aprobaron el principio de no intervención en los asuntos internos de otros países, a instancias de la propia Cuba, quien recientemente se había liberado del dictador pro yanqui de turno [11].
A esta conferencia, que se realiza casi al finalizar la crisis de los años 1929 al 1933, el presidente Roosevelt envió un mensaje donde da a conocer la nueva política conocida como del “Buen Vecino”, con el propósito de estimular las relaciones económicas y comerciales con los países del hemisferio, deterioradas por los efectos de la crisis. Fue en este período –previo a la Segunda Guerra Mundial– cuando se produce la mayor cantidad de intervenciones militares en la región, Cuba de 1898 a 1902 y de 1906 a 1909, República Dominicana en 1905 donde asume el control de las aduanas y las finanzas, para después ocuparla militarmente desde 1916 hasta 1924. Nicaragua de 1912 a 1925, México de 1914 a 1917 y Haití de 1915 a 1934 fueron objeto de la agresión imperial. Más adelante se utilizarían otros instrumentos de política exterior sutiles, pero no menos agresivos como la “diplomacia del dólar” que se proponía “colaborar” con las insolventes naciones latinoamericanas. Si en América Central y el Caribe se empleaba la ocupación militar con los marines, en otros países del hemisferio, más alejados, se empleaban técnicas engañosas como el control financiero, económico y comercial. Fue el caso de Bolivia, Perú, Colombia y Chile [12].
 La Segunda Guerra Mundial y el ordenamiento internacional resultante del fin de la misma, le otorgarían a las relaciones de Estados Unidos con el resto de los países americanos, un carácter particular que en lo esencial perduraría hasta la última década del siglo XX con la desaparición de la Unión Soviética. Desde la VIII Conferencia Panamericana reunida en Lima en 1938, y la de Chapultepec en México en 1945, Estados Unidos se propuso construir una alianza militar defensiva de las naciones hemisféricas contra una agresión externa, que era un claro intento de impedir la influencia soviética en el continente. La guerra produjo el alineamiento de la mayoría de los países latinoamericanos con la potencia del norte, con la excepción de Argentina que sería obligada a ello mediante actos de fuerza en 1944. La derrota del fascismo a escala internacional, la necesidad de Estados Unidos. de mantener vínculos económicos con los Estados latinoamericanos para garantizar su condición de suministradores de materias primas con precios preferenciales, y establecer favorables condiciones para sus inversiones de la banca y la empresa privada enormemente fortalecida por la propia guerra, la corriente de rebeldía popular y antifascista en América Latina que condujo a la caída de regímenes dictatoriales y tiránicos, el fortalecimiento de los partidos comunistas y de la izquierda antiimperialista y nacionalista en la región, la consolidación e influencia en el mundo de la Unión Soviética por sus indiscutible papel en la derrota del fascismo, la creación del campo socialista con la incorporación de un grupo de países de Europa oriental y el desastre general en que quedó sumido este continente son, entre otros antecedentes, incentivos que obligan a Estados Unidos a un nuevo reordenamiento de las relaciones con sus vecinos del sur y al inmediato interés de crear una estructura interamericano que respondiera a esta lógica y que  fuera expresión de la nueva correlación de fuerzas que detonaba el sistema internacional de la posguerra.
 A principios de 1946, el primer ministro británico Winston Churchill en visita Estados Unidos y en un discurso se refiere por primera vez a la “cortina de hierro” que dividía a la Europa de la postguerra, presagiando la confrontación global que se avecinaba. El concepto de Guerra Fría se popularizaría a partir de su uso por un conocido columnista norteamericano, en un libro crítico del grave conflicto que proyectaba en la política exterior estadounidense. En lo adelante los presidentes de este país, con particulares excepciones en su intensidad, formas de lucha y grado de virulencia, harían de la “contención del comunismo” centro de la política global, principalmente en el terreno económico y militar, en un contexto de un clima ideológico anticomunista en ocasiones rayano en la histeria [13].
 El sistema interamericano diseñado por Estados Unidos se estructuraba con dos componentes, uno militar y uno político. El primero que se crea es el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca en 1947 en Río de Janeiro. Un año después en 1948 durante la IX Conferencia Interamericana en Bogotá se crea la Organización de Estados Americanos (OEA), integrada por veinte Estados latinoamericanos y Estados Unidos.
Paralelamente, comienzan las negociaciones que derivarían en 1949 en la formación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, constituida por Estados Unidos, Canadá y sus aliados europeos
Desde el primer momento, tanto el TIAR como la OEA se estructuraron de acuerdo a un articulado que invariablemente ha servido de instrumento jurídico para la legitimación de la intervención de Estados Unidos en los asuntos internos de los Estados latinoamericanos. “La amenaza del comunismo Internacional” en adelante serviría para intervenir militarmente, o de forma encubierta, en los países del área. La X Conferencia de 1954 serviría para justificar la participación directa de Estados Unidos en Guatemala en contra del gobierno nacionalista de Jacobo Arbenz. El artículo 15 de la Constitución de la OEA prohíbe explícitamente intervenir “directa o indirectamente, sea cual fuere el motivo en los asuntos internos o externos de cualquier otro”. En enero de 1962, Estados Unidos., con la complicidad de casi todos los países integrantes de la OEA, con excepción de México, ordena sancionar y romper relaciones diplomáticas con Cuba en la Octava Reunión de Consulta del organismo realizada en Punta del Este, Uruguay.
En 1965, a instancias de la Casa Blanca, la OEA crea unas simbólicas fuerzas de paz que dan cobertura política a la intervención de 40.000 marines estadounidenses en República Dominicana con la misión de terminar con la revolución nacionalista encabezada por el coronel Francisco Caamaño Deñó.
Mientras esto ocurría en América, Estados Unidos ya consolidado como la primera potencia económica y militar del mundo de la postguerra, una vez conformada la OTAN, concentró la colaboración económica y tecnológica con Europa a través del Plan de Reconstrucción Europeo conocido como Plan Marshall. En pocos años los centros capitalistas de Europa, y de manera particular Gran Bretaña, dan un espectacular salto en todas las esferas de la economía y la vida de sus países. Se consolida así una sólida alianza del mundo capitalista desarrollado de primera línea frente a la Unión Soviética. Casi al finalizar la década de los 70 del siglo pasado, bajo el gobierno de James Carter, desde los centros de poder surge la concepción “trilateral del desarrollo multilateral del capitalismo desarrollado, que se sustenta en los Estados Unidos, Europa y Japón que también había protagonizado un acelerado proceso de reconstrucción de su economía, para convertirse en una de las naciones industrializadas más importantes del mundo. Era una mirada estratégica con una visión global e integradora de estos tres grandes centros del poder económico, tecnológico y militar del mundo capitalista [14].
 En 1980, previo a la guerra de las Malvinas, el recién estrenado presidente Ronald Reagan, con quién debió lidiar el general Galtieri, le da impulso a un vasto plan armamentista, conocido popularmente como la “guerra de las galaxias”, que responde a una profundización de la Guerra Fría, y de la lucha contra la Unión Soviética. Se reanuda la costosa carrera por la supremacía de las armas nucleares, hasta ese momento limitada por las políticas de distensión del gobierno de Carter. Hasta la lejana Isla de Pascua era considerada en esta guerra del espacio. Esta “segunda Guerra Fría”, es consecuencias de cambios profundos en la estructura de poder interno en Estados Unidos una ola de conservadurismo reaccionario de una nueva derecha inunda la política nacional e internacional [15]. Se anuncian cambios económicos estructurales con un modelo neoliberal que pretende dinamizar y poner a estados Unidos otra vez como líder indiscutido de la economía mundial. Reagan y la primera ministra británica Margaret Thatcher han quedado para la historia como los “paladines” del impulso de estos modelos neoliberales que se tocan al finalizar el siglo con la revolución tecnológica, de la informática y las comunicaciones, que darían cuerpo al fenómeno de la globalización de toda la sociedad.
 En estos precisos momentos, cuando Reagan estaba cavilando acerca de las posibilidades de que sus cohetes interceptores volaran por la estratosfera, cuando ni se imaginaba que el fin de la Unión Soviética estaba cerca, es que debe comunicarse con Galtieri para impedir que Thatcher reaccione “mal humorada” por unas islas lejanas del Atlántico Sur que, en la conversación con el general, llamó Falkland.
 “¿Qué importa el TIAR?”, dijo sin ambigüedades el secretario de Defensa de Estados Unidos Gaspar Weimberger, “las obligaciones son con la OTAN, es más importante Europa que el TIAR. Gran Bretaña con las Malvinas dará total control sobre el continente latinoamericano” [16].
Esta frase del secretario de Defensa estadounidense refleja el verdadero sentido de la confrontación estratégica que establece alianzas que van más allá de lo que Estados Unidos consideraba una escaramuza en un alejado rincón del planeta. Se sustentaba en la posibilidad real de derrotar al enemigo polar para lo cual Gran Bretaña era su aliado más confiable sobre todo en un momento en que la cercanía ideológica entre Reagan y Thatcher era expresión del avance de ideas conservadoras que avizoraban la construcción de una fortaleza nunca antes conocida en el escenario internacional.
Estas verdades parecieron ser desconocidas por los generales argentinos quienes sobrevaloraron una alianza con Estados Unidos, que no superaba los objetivos tácticos de imponer su hegemonía en el continente aplicando la Doctrina de Seguridad Nacional en favor de establecer un control que evitara la expansión ideológica de su enemigo estratégico. Las Fuerzas Armadas argentinas como casi todas las del continente sirvieron a esa causa con el apoyo de Estados Unidos, pero erraron en la apreciación de los alcances que iba a tener la confrontación en la que implicaron a su país de manera oportunista e interesada.
Los organismos internacionales creados en la posguerra para asegurar la paz, mostraron su insolvencia para prever este conflicto, mucho menos hicieron para evitarlo o solucionarlo. Quedaba en evidencia su incapacidad para actuar en casos en los que está involucrada una potencia, en particular cuando se trata de miembros del Consejo de Seguridad, la indudable dictadura mundial. Desde el punto de vista internacional, lo trascendente en el conflicto de las Malvinas es que se puso en evidencia que el sistema internacional creado por los triunfadores de la Segunda Guerra Mundial estaba diseñado para servir a sus intereses, desdeñando incluso a sus aliados cuando estos desafiaban la lógica del poder.
En particular, el sistema interamericano, conformado por el TIAR y la OEA, mostró no sólo el carácter inefectivo de su estructura, sino que hizo patente que fue diseñado a imagen y semejanza de los intereses de Estados Unidos, señalando para el resto de los países un papel secundario y subordinado a prácticas hegemónicos no aceptables en el escenario internacional.
El conflicto de las Malvinas además de transformarse en el acta de defunción del TIAR, cuestionó los fundamentos sobre los que se construyó el modelo de integración para nuestro continente. La contradicción entre la idea monroista y panamericana chocó nuevamente y de manera ostensible con la idea bolivariana que plantea una integración de los pueblos de los territorios que José Martí agrupó bajo el nombre de “Nuestra América”.
La pertenencia geográfica a una región del planeta no es un elemento suficiente para generar verdaderos móviles integracionistas y de solidaridad frente a un enemigo externo. Otros componentes, culturales, identitarios y de complementación económica concurren a la construcción de un proceso de integración que tiene en la constitución de un mecanismo de seguridad regional entre iguales, uno de los pilares fundamentales para mantener la paz y garantizar una convivencia armoniosa entre los pueblos.
El TIAR debe desaparecer, al igual que la OEA, porque no representan los intereses de la región en tanto una potencia puede imponer una hegemonía no aceptada formalmente en los documentos constitutivos de esas organizaciones. La necesidad de dar paso a nuevos mecanismos de integración entre los pueblos de la región al sur del río Bravo tuvo en el conflicto de las Malvinas un punto de inflexión en el derrotero a seguir. Gobiernos y pueblos de América Latina superando las obvias diferencias con un gobierno sátrapa y violador de derechos humanos, acudieron en la defensa de los intereses de Argentina, que eran expresión de principios latinoamericanos de derecho los cuales fueron pilares de la construcción de nuestros Estados nacionales, utilizando para ello todos los instrumentos, políticos, diplomáticos e incluso militares a su alcance. Con la sola excepción de la actuación artera del gobierno dictatorial de Augusto Pinochet, el resto de los países de la región expusieron su espíritu solidario y su vocación latinoamericanista. El grito de “Las Malvinas son argentinas” fue una consigna que recorrió valles y montañas, ríos y mares envolviendo un sentimiento que sobrepasaba y sobrepasa a los argentinos como clamor de solidaridad de todos los que nacimos y vivimos entre México y la Patagonia.
Hoy, cuando se vive un nuevo momento para varios países del continente, la creación de la Unión de Naciones de América del Sur (Unasur) y próximamente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) y de manera particular el Consejo Suramericano de Defensa auguran una nueva época que no repita jamás la ignominia que la invasión imperial a las Malvinas significó para nuestra región. La actuación de Estados Unidos nos dejó una gran enseñanza que nos impele a la necesidad de construir mecanismos propios con capacidad de respuesta política, diplomática y militar sin necesidad de recurrir a potencias extra regionales.
Cuando eso se haya logrado, estaremos más cerca de la verdadera Independencia y en justicia tendremos que volver la vista atrás para recordar a esos jóvenes argentinos que en aquellos aciagos días de 1982 entregaron sus vidas por la dignidad y el honor de todos los latinoamericanos y caribeños y que pusieron muy en alto una bandera que ondeará enhiesta por siempre en todo el territorio de ésta: Nuestra Patria Grande.


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(*) Magister en Relaciones Internacionales por la Universidad Central de Venezuela y profesor del Instituto de Altos Estudios del Ministerio de Relaciones Exteriores. Fue Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en Nicaragua (2008-2009) y Director de Relaciones Internacionales de la Presidencia. Es investigador del Centro de Estudios Políticos y Sociales de América Latina (CEPSAL) de la Universidad de los Andes, en Mérida (Venezuela).


[1] Cardoso, Oscar Raúl et al, Malvinas. La trama secreta, Editorial Planeta. Primera edición en Planeta Bolsillo, Buenos Aires, 1997.
[2] http://www.lafogata.org/02latino/latinoamerica2/derechista.htm
[3] Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca en http://www.oas.org/juridico/spanish/tratados/b-29.html
[4] Selser, Gregorio, Reagan entre El Salvador y las Malvinas, México, Editorial MexSur, 1982.
[5] Clarín, Buenos Aires, 16 de junio de 1982.
[6] Revista Cambio 16, N° 551, Madrid, 21 de junio de 1982, en Verbitsky, Horacio, La última batalla de la Tercera Guerra Mundial, Editorial Legasa, Buenos Aires, 1984.
[7] Clarín, op cit.
[8] Verbitsky, op cit.
[9] Idem.
[10] Guerra Vilaboy, Sergio, Breve Historia de América Latina, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2006.
11 Torras de la Luz, Pelegrín, “Colonialismo y subdesarrollo en América Latina”, en Historia de América Latina, Número 4, Parte II, Ministerio de Educación Superior, La Habana, 1988.
12 Guerra Vilaboy, op. cit.

[13] González Gómez, Roberto, EE.UU: Doctrinas de la Guerra Fría 1947-1991, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2003.

[14] González Gómez, op. cit.
[15] Idem.
[16] Selser, op. cit.